"...a tí te deseo que de cascabeles, pífanos y timbales se alegre tu camino,
que nunca te sea adverso el destino, que encuentres en tu vida amigos diáfanos y entretenidos.
Sobre mis párpados velas, frágil ave de la madrugada, eres péndulo que en la vigilia hiere.
Tus cortantes palabras, tu rotundo gesto, son el gélido viento que silba por las rendijas de mi pensamiento. Y es tan honda la nostalgia que hoy siento...
Aléjate espejismo del amor eterno, sólo eres literaria veleidad. Ni al peregrino das posada,
ni al sediento agua, ni al que ansía saber muestras la verdad.
Detesto el tiempo, la ansiedad lamento. Descansar sólo quiero, junto al calor del fuego. Me amarro al momento y lo único que poseo, con los hombres azules irme al azul desierto.
Es lo que hoy deseo, y a tí te deseo que encuentres tu camino. Es lo que hoy te deseo y lo que hoy te escribo."
"Soy feliz aunque ustedes no me den permiso, me bendice Dios y me guían Bolívar y Marx" A. P.
viernes, 26 de septiembre de 2014
cantando esta cancioncita desde el alma...
lunes, 22 de septiembre de 2014
A 41 años de tu Viaje
lento juego de luces, campana solitaria,
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
caracola terrestre, en ti la tierra canta!
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltaré en delirio mi bandada de flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.
Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y muriendo!
Así en horas profundas sobre los campos he visto
doblarse las espigas en la boca del viento.
martes, 17 de septiembre de 2013
martes, 25 de octubre de 2011
Los caminos del viento by Eduardo Galeano
martes, 6 de septiembre de 2011
VOY A DORMIR (Alfonsina Storni)
jueves, 27 de enero de 2011
LA RENUNCIA (Andrés Eloy Blanco)
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...
He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...
jueves, 4 de febrero de 2010
Increíble pero Cierto!!!
HUMBERTO FERNANDEZ MORAN.
Lo que es vivir en un pais de ignorancia, espero lo disfruten.
Humberto Fernández Morán -
Año 1999. Una chica venezolana en algún salón de clases de una Universidad en Boston: Estando en Boston, un profesor le comentó que si sabía quien era el Dr. Humberto Fernández Morán. Si sabía acaso que él era el fundador del Programa de Investigación en Neurociencias de MIT y lamentablemente, como la gran mayoría de nosotros los venezolanos, ella no tenía conocimiento de su existencia.
Hace unos días, estaba metido en una de nuestras, ya tradicionales, colas de las horas pico Venezolanas y de repente me llamo la atención que se comentaba por una FM, que el Dr. Humberto Fernández Morán había muerto en Estocolmo y su familia no podia traer sus restos a Venezuela, siendo éste inclusive su último deseo.
Me sentí responsable de investigar sobre este personaje desconocido para mí, y los resultados fueron asombrosos...aunque me sentí increíblemente apenado de no haber conocido la vida de quizás el hombre mas ilustre y destacado a nivel mundial que ha tenido Latinoamérica! y nosotros los venezolanos.
HUMBERTO FERNÁNDEZ MORAN: Nació en Maracaibo en el año de 1924. A los 21 años se graduó de médico Summa Cum Laude y extiende sus conocimientos en el área de Microscopia Electrónica, Física, especializándose en Neurología y Neuropatología en los Estados Unidos. Fue el fundador de el IVIC y creador de la Cátedra de Biofísica de la UCV. Fue Ministro en el Gobierno de el General Marcos Pérez Jiménez y con la llegada de la Democracia es expulsado del país.
'Inventó el bisturí de diamante',empleado mundialmente para cortes ultrafinos tanto de tejidos biológicos hasta de las muestras lunares traídas a la Tierra por los astronautas.
Inventó también el Ultramicrotomo para cortes delgados de tejidos convirtiéndose por ello en el primer venezolano y único Latinoamericano en recibir la medalla John Scott en Filadelfia. Fue también investigador principal del Proyecto Apolo de la NASA. Profesor en las más reconocidas Universidades como Harvard, Chicago,MIT, George Washington y a Universidad de Estocolmo.
En Estados Unidos se le propone ser nominado al Premio Nobel, el cual,él rechaza ya que para ser nominado tenía que aceptar también la ciudadanía Americana , a la cual se niega dado a su orgullo de ser Venezolano.
Fue galardonado con las mas altas condecoraciones! son: Orden y título de caballero de la estrella Polar conferida por el Rey de Suecia. Medalla Claude Bernard, de la Universidad de Montreal. Premio médico del año otorgado en Cambridge. Le fue otorgado reconocimiento especial por la NASA con motivo del décimo aniversario del Programa Apolo.
Como ven, el Doctor Fernández Morán carece de reconocimientos en su país Venezuela.
Es menester recordar e igualmente vergonzoso que el Dr. Fernández donó uno de sus mas preciados bienes, su biblioteca, notas, estudios, etcetera, a la Universidad del Zulia y si aún no se han tomado los correctivos necesarios, debe seguir en cajas,en algún mohoso depósito sirviendo de alimento a los hongos y bacterias. La ignorancia es general y el regionalismo zuliano como que solo lo aplicamos para apreciar las arepas tumbarrancho y a las mandocas!
El Doctor Humberto Fernández Morán fue cremado y sus cenizas reposan hoy en su segunda patria, Estocolmo, Suecia.
Espero que como venezolanos sientan la misma vergüenza y asombro que estoy sintiendo yo. Nunca pensé que mi curiosidad por la vida de este gran hombre fuera también el descubrir al venezolano más honorable, honesto y destacado que hemos tenido en este siglo.
Por favor retransmitan esta información, ya que nunca es tarde para que entre todos logremos que al Dr. HUMBERTO FERNANDEZ MORAN, se le reconozca el sitial de honor que dignamente se ganó, en nuestra Historia contemporánea.
Ojala que alguno de ustedes, asiduos lectores de esta infinita RED, puedan reenviar esto a diversos medios de comunicación, a fin de que sin meternos en politiquería innecesaria, logremos que este mensaje se difunda positivamente.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Toría y Práctica (Mario Benedetti)
Señoras y señores
hoy trataremos del imperialismo
tema difícil si los hay
y a veces engorroso de sitiar
en sólo media hora de pésimas noticias
en consecuencia intentaré abordarlo
tal como en un pasado alegre y misterioso
se solía abordar los bajeles piratas
quiero decir
de un modo irregular
digamos por ejemplo
que una campana suena a lo lejos mansa
y purifica el diálogo y se queda
como el sol en las copas de los árboles
a pesar del calor el horizonte
se pone su bufanda
y unos pájaros sueltos y agilísimos
la recorren
y no son golondrinas
nada de eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que una muchacha quiebra la mañana
con sus caderas móviles
sus ojos perentorios
sus labios de cosecha
su paso que no pasa
y el muchacho espera invencible y modesto
la incluye en su destino la estudia poro a poro
y así centineleándola
se atreve o no se atreve
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que un niño escucha el mundo y decidiéndose
le echa su bocanada de candor
aprende cómo son sus pies y se los come
discute con el techo y lo convence
llora para variar y porque sabe
que a su alarido comparece el seno
con su promesa láctea y esa piel
que le gusta sentir junto a los párpados
y sabe que es feliz aunque no sepa
qué precio va a pagar o qué desprecio
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que un viejo está aprendiendo el alfabeto
y clave en su memoria los diptongos
y las esdrújulas que son tan cómodas
porque llevan acento indiscutible
tiene rostro de cuáquero este viejo
pero el alma la tiene de resorte
y escribe llubia porque en su campito
nunca vio que lloviera con ve corta
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que una máquina late en el delirio
dice ruidosamente su producto
y las manos lo ayudan lo enderezan
lo limpian lo acicalan y lo envasan
manos que se conocen hace años
y hace años se mojan y se secan
se dan la bienvenida y los adioses
se preguntan se llaman se responden
se apoyan en la máquina materna
que dice su producto y carraspea
y cuando las ve juntas veteranas
suelta dos o tres lágrimas de aceite
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que en la serena noche conyugal la pareja
hizo un hijo porque le dio la gana
y le ha dado la gana porque sabe
que un hijo es el profeta cotidiano
irá anunciándolos de sol a sol
irá diciendo a todos que es un hijo
y se alimentará con insolente
apetito y probará la patria
como si fuera pan caliente y nuevo
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que la frontera pierde sus aduanas
y hasta nos invadimos los unos a los otros
nos prestamos volcanes y arroyitos
y cobre y antropólogos y azúcar
y lana y proteínas y arcoiris
y alfabetizadores y durmientes
y poetas y prosistas y petróleo
y el contrabando queda para el viento
y para los amantes migratorios
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que la lluvia y el sol nos pertenecen
también el sobrecielo y el subsuelo
las provincias de nuestro corazón
y el territorio de nuestro trabajo
somos iguales ante los iguales
en un mundo de pares y sin otros
una linda locura de los cuerdos
y cierta estratagema de justicia
vamos poniendo tildes a presagios
que se cumplieron o se están cumpliendo
en un comienzo fuimos sólo islas
ahora somos urgentes archipiélagos
tampoco eso es el imperialismo
y digamos por último
que tenemos la noche y nuestra casa
y un reloj que no cuenta hacia la muerte
la ciencia avanza tanto que ha logrado
aislar el virus de la xenofobia
y la patria es ahora un salado bautismo
que va de mar a mar
y los abismo siguen existiendo
aunque nadie se arroje a su silencio
siempre es duro vivir pero se vive
dentro de las esclusas de la vida
y una vez más afirmo
nada de esto es el imperialismo
confío no haber sido demasiado sectario
en el enfoque teórico del tema
señoras y señores
acaba de avisarme un compañero
que afuera nos esperan los señores gendarmes
tal vez para brindarnos alguna clase práctica
deseémonos coraje
y buena suerte
he dicho
muchas gracias
De Nicanor Cifuentes (otro venezolano)
mayela.
muy pulcra y certera tu comunicación con chávez... que somos todos y a la par no.
yo te arrimo mis latidos.te leo.
cano.
viernes, septiembre 11, 2009
Una mirada desde abajo... a los que desde arriba ordenan el andamiaje.
están arriba y un gentío... ¿está abajo?
¿qué idea es la que se trabaja y la que camina luego en el sudor de los verbos?
allá arriba los que "operacionalizan" y acá abajo: el gentío, la muchedumbre, la masa, el pueblo... palabras abstractas ¿no?
el plan desde
a
rr
i
b
a
c
a
e
toca armar las piezas del mecano y toca estar alerta con que el juguete, al final, se parezca a los otros planes que desde arriba cayeron. ¿en esa andamos simulando organicidad?
y noto desde arriba un miedo a lo distinto, no vaya a desintegrarse la soberanía, no vaya a mostrarse debilidad, no vaya a perderse la patria.
desde el distinto todos amasijan visiones, movilidades, manos y colores pero hay un rictus que va mutando todo a una fila, una larga hilera unísona que vigila con miles de ojos ajenos a todos lados como para no perder la tradición de lo que encomendaron... desde arriba.
lo digo desde el latido de estos días, cuando sigue sin entenderse que Perijá tiene piel indígena y cicatriz minera.
llenan el tinajero de las paciencias las lágrimas derramadas por tanta violencia y tanto huracán de maquinarias. Sacude el cuerpo el ave, arde el insecto en su iridiscente vuelo por tanta estrategia foránea, por tanto burócrata que no termina de entender que a Perijá no se le quiere cuadriculándole sus espacios.
entonces ahora pretende decírsenos que ya no hay problema humano ni ecosistémico, que con ungüentos dogmáticos, con efímera atención asistencial Perijá libera su desgarre, Perijá lava su rostro y quienes le habitan agradecen la dádiva... que de arriba cae.
gotean las resistencias y las graves denuncias que pretenden desnudar este desvío tan ofensivo que se ha hecho, desde arriba, buscando minas, represas, carreteras, buscando integridades territoriales.
escribo esto en clave dulce para llorar digna rabia y sugerir que en Perijá no todo está concertado, no todo se ha alcanzado en materia humana y es urgente ya iniciar la sincera palabra para desmitificar tanta maledicencia que nos endilgan a los que soñamos y sudamos una Perijá sana y menos explotable de mina.
- pagar la bienhechurías a los hacendados y concertar un coronograma de pagos para entregar la tierra a los barí y yukpas
- sincerar la praxis de la actual comisión de demarcación de hábitats y tierras indígenas que sigue confundiendo en el estado zulia sus fines
- atender en paralelo, sin demoras y con vocación diáfana la salud de los pueblos naciones indígenas afectados de muerte, de muerte enfermedad, de muerte demagogia, de muerte mentira, de muerte incertidumbre
- tejer vínculos con las hormigas que han diagramado con respeto y sinceridad histórica la lucha en defensa del agua, la vida en toda la extensión que es la Sierra de Perijá, en toda la piel que es la diversa ancestralidad indígena
- sumar talentos de la ciencia amiga, de la curiosa tecnología para que las semillas broten en natural germinación sin que la erosión prevalezca, sin que los transgénicos prevalezcan, sin que los latifundios prevalezcan... sin que el matorral del abandono se coma la siembra de la esperanza
- ser y estar en el abrazo a esta porción de la patria, a esta gota del universo que necios de todas las horas ven como potencial recurso a explotar.
que este pueblo que camina por entre las humedades y los terraplenes, este dolido y esperanzado pueblo indígena barí y yukpa decida su futuro sin que lo asfixie la praxis de la ciudad que es Caracas, sede de los ministerios y las instituciones gubernamentales.
toca entender que no se llega a Perijá a proponer sino más bien a entender la llovizna y la metralla, la lágrima y el hematoma de tanto olvido heredado, de tanta malparidez no vista, de tanto matón de oficio contratado para ejercer el oprobio.
pudiese hablarse con puras verdades, este mi anhelo supremo: que el que llega de arriba, desde la capital de las decisiones, muestre humildad carajo y entienda que es hora de los pueblos indígenas y que no confunda la construcción, éste, que llega de arriba, con una plataforma, con una prótesis publicitaria a la que se le saca provecho...
que éste que llega de arriba entienda que somos y sí seremos aliados (hormigas aliadas) en la medida en que los corazones ya juntos bombeen sangre para la común necesidad... la de las mujeres, la de los niños, la de los abuelos y abuelas, la de los jóvenes y maduros hombres de la ancestral Serranía.
este espacio y este tiempo es para indagar qué hacemos por la patria cuando tornamos minúscula la voz que a la vanguardia debe ir, la voz indígena.
¿qué hacemos?
para que no caigan los planes desde arriba y desde la horizontalidad podamos ver todos, en sereno esfuerzo, el alba que nos merecemos luego de tanta oscurana.
Perijá, digo finalmente, merece una mayor atención, una más digna atención.
untados estamos para dialogar y mostrar los oprobios y mutarlos a vida digna, país posible.
no queremos morir de ingenuidad o criminalizados por maledicencias...
¿alguien "de arriba"... entiende esto?
domingo, 30 de agosto de 2009
Al Comandante Chávez desde abajo (se ve mejor a veces)
Hola Comandante, reciba mis respetos, abrazos y manos siempre solidarias en la labor de ayudarlo en sus continuas luchas por ser los venezolanos y latinoamericanos todos, más libres y prósperos. Ojalá algún día a sus oídos llegue aunque sea uno de los párrafos de esta humilde misiva y que al llegar, lleguen intactas las líneas que tengan que llegar.
Presidente, Comandante y ante todo compatriota mío, imagino hasta qué punto ha podido estar Usted presionado por la mala intención, la saña, la perfidia y el veneno de quienes además de adversarle le envidian y atenazan con su odio sobre cualquier buena intención suya; y por eso quiero ante todo reiterarle mi apoyo como ser humano y aclarar que todo lo que de aquí en adelante pudiera escribir y leerse como crítica, aunque lo sea, no tiene otra dirección que alertar, avisar, ayudar y "atajar" con respecto a lo que, mi condición de mujer humilde que ve las cosas desde abajo puede apreciar y de repente Usted no, por estar sumergido en miles de ocupaciones y rodeado por un cerrado círculo de seres humanos, algunos que de verdad le aman, apoyan y ayudan y otros que, necesitan (para su egoísta bienestar) que Usted, no sepa, no vea, no se entere;
Comandante amigo, como amigo fue y es el Ché, Camilo, Fidel y mi sempiterno General Simón, amigo mío, sabía Usted de la presentación de fotos (que imagino que debe ser una de las cientos que existen) en donde sale su familia con relojes Cartier, Channel, y viajando a conciertos de Madonna, o paseando en las Vegas? Cosa que, me parece absolutamente normal y un gesto de envidia y bajeza sacarlo a la luz como señalando un crimen. El asunto es que, si quienes le adversan aducen que es una ignominia oírle hablar contra la oligarquía y en favor de la austeridad y el racionamiento mientras dicen tener pruebas de que quienes le rodean ostentan todo lo contrario, imagínese Usted qué no dirán, qué de horrores no hablarán si tuvieran un enfoque más objetivo y comenzaran a cortar la tela inmensa del historial de corrupción que muchos de los funcionarios públicos de sus distintos períodos gubernamentales han sabido generar, y sé que siempre es a sus espaldas, pero quisiera, y de verdad, que, en pro de que toda la lucha suya y nuestra haya valido la pena, quisiera, repito, que todas las veces que suena el río, a Usted le permitan que vea las piedras que lo hizo sonar, que cuando se diga en toda una Región que Di Martino (solo por citar un ejemplo) es un ladrón y un Estado entero, lo castigue negándole su apoyo electoral a este candidato no lo veamos luego a Usted abrazándole en reuniones y eventos porque mi pueblo (a veces ignorante y reaccionario, no lo negaré) terminará desconfiando de Usted también.
No soy yo, no es de una individualidad de lo que le hablo, es el pensamiento colectivo, que termina imponiéndose por sobre todas las cosas, razones y sinrazones. Amado Presidente Hugo Chávez, yo, como pobre mortal, simple venezolana de a pie jamás le he negado mi apoyo en ninguna contienda tan solo porque parto del hecho diáfano y sencillo que me inspira: sus días y noches enteras sin dormir en el esfuerzo continuo y hermoso de hacer surgir a mi pueblo y por el inmenso logro de haber tomado en cuenta a los desventajados de los que jamás, desde de tiempos inmemoriales, nadie que se sentó en su silla supo recordarse ni condolerse, ya eso me basta para darle mi apoyo total pero aparte de eso (felizmente) hay decenas de otros hechos que me hacen apoyarle también.
Ahora le pido, en nombre de todo lo construido por su pueblo gracias a su amorosa iniciativa: valore Usted mismo todo cuanto hace y seguirá haciendo, valore sus noches sin dormir, su dolor de espalda, sus lágrimas y desazones, valore su lucha y los años consagrados a su patria, valore todo, ¿De qué forma? No obviando todo lo oscuro, todo lo turbio que le puede estar rodeando, recuerde a Bolívar en las veces que fue duro y principalmente recuerde, cuánto le costó el haber sido blando, el no haber fusilado a ciertos traidores, el haber confiado en otros tantos, el haber creído, el haber callado…
No permita que se repitan las fallas de hace doscientos años ha. Por mucho que le duela o por mucho problemas que le genere que rueden cabezas hágalo, no importa cuánto le cueste. La dignidad de su lucha no tiene precio, y el verdadero pueblo le llenará de gloria, al tiempo que sus detractores se quedarán sin argumentos válidos para ofenderle y censurarle.
Sépalo Presidente: hay cientos de módulos de Barrio Adentro sin terminar de construir o siendo mal utilizados, hay desvío de medicinas, de comida, de recursos para becas, hay fallas en la entrega de bonos de alimentación, hay fallas en el cumplimiento de horarios, de obligaciones, de TODO en los funcionarios públicos; siguen levantándose tarde, siguen sobornando al pueblo y lo sé Comandante, tanto lo sé: NO ES SU CULPA pero es culpa de todos el seguir permitiendo, el seguirnos callando.
Me despido, enviando esta humilde misiva para su corazón, cual botella que lanzo al mar con la esperanza de que un día sea Usted el marino que la recoja y me lea, y le regalo como recordatorio de una revolucionaria hermana del alma estas palabras de Ernesto (Ché) Guevara de la Serna, que él pronunciara en una charla a los miembros de la Seguridad del Estado, titulada “La influencia de la Revolución Cubana en la América Latina”:
“Contrarrevolucionario es todo aquel que contraviene la moral revolucionaria, no se olviden de eso. Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la Revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después tiene todo lo que no tiene el pueblo, y que lo ostenta o no lo ostenta pero lo tiene. Ese es un contrarrevolucionario, a ese si hay que denunciarlo enseguida, y al que utiliza sus influencias buenas o malas para su provecho personal o de sus amistades, ese es un contrarrevolucionario y hay que perseguirlo pero con saña…”
martes, 18 de agosto de 2009
Realmente no hay soledad inexpugnable
“Te recuerdo Amanda…la calle mojada corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel; la sonrisa ancha, no importaba nada,
ibas a encontrarte con él, con él con él,
que partió a
Víctor Jara
“Porque no es lo mismo que vivir: honrar la vida”
Eladia Blásquez
¿Quiere decir entonces que mis carencias y dolores, mis añoranzas y sonrisas son las mismas para el mundo?
Mi dolor es el mismo dolor ante la muerte y las manos atadas, el mismo que a diario se derrama en los rostros anochecidos de hambre.
Entonces…
¿Mi esperanza es la misma que la del que barre mi calle?
¿Su dolor frente al lecho de su madre enferma se parece al miedo de mi desesperanza?
Cuando esa muchacha siente el inicuo látigo social, es su espalda la de un pueblo entero. Y la espalda del pueblo se denuncia en cada marca de su tersa piel.
Y, cuando me enamoro y me quedo en soledad. Es el despecho de los enamorados del mundo
Entonces…
¿Mi soledad tendrá su ocaso cuando múltiples manos estrechadas hagan clarear el alba, cuando miles de ojos quieran ver amanecer?
Pasará pues como dijo el poeta, y floreceré cuando todo florezca.
12/06/2006 de esta era apócrifa
domingo, 9 de agosto de 2009
Lingüistas. Mario Benedetti (Micro-relato)
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
¡Qué sintagma!
¡Qué polisemia!
¡Qué significante!
¡Qué diacronía!
¡Qué exemplar ceterorum!
¡Qué Zungenspitze!
¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: ''Cosita linda".
jueves, 6 de agosto de 2009
Un abrazo a mi Profesor del alma y de siempre: Jorge Guiñez
Nosotros, los marcados, parecíamos con razón extraños, incluso locos y peligrosos. Habíamos despertado, o estábamos despertando, y nuestro empeño estaba dirigido a una mayor conciencia; mientras que el empeño y la búsqueda de los demás iba a subordinar, cada vez con más fuerza, sus opiniones, ideales y deberes, su vida y su felicidad, a los del rebaño. También entre aquellos había empeño, y fuerza y grandeza. Pero mientras nosotros, los marcados, creíamos representar la voluntad de la naturaleza hacia lo nuevo, individual y futuro, los demás vivían en una voluntad de permanencia. Para ellos la humanidad -a la que querían con la misma fuerza que nosotros- era algo acabado que había que conservar y proteger. Para nosotros, en cambio, la humanidad era un futuro lejano hacia el que todos nos movíamos, cuya imagen nadie conocía, cuyas leyes no estaban escritas en ninguna parte.
Hermann Hesse (Demian)
A usted, que jamás ha sabido de regar flores de plástico, que ha sabido luchar sin genuflexiones desde su peculiar trinchera;
A usted que nada o casi nada le ha sido fácil, vayan estas estrofas de una canción cubana que por allí encontré, acompañadas de estas mis humildes líneas y afectos en honor al cariño que se le profesa, en honor a todo el amor que ha sabido sembrar con su autenticidad en quienes le rodeamos, feliz día en que se cumple un aniversario de su feliz llegada a este quilombo, a este disparate problemático y febril al que le llaman tierra, donde ha sabido ser otorgador de ejemplos: de abnegación, entereza, y lo principal: que es mejor llorar de indignación y alzar cualquier mano, antes que poner la mejilla y traicionarse.ChilenosBeatriz lloraba en la plaza un 28 de Septiembre
y el viento llevaba lejos hojas tristes solamente.
La bandera medio izada, campanas doblando a réquiem.
Allende era un magnetismo poderoso de La Habana, que bajito sollozaba.
El exilio es un camino difícil de contra marcha
penitente y arraigado.
Me regalaron a Víctor, supe de Violeta Parra.
Y en Alamar los balcones una cueca susurraban
y Neruda fue el poema veinte de la madrugada.
Y a dónde fuiste a dar con tu equipaje de sol
a mi tierra, señor.
Con sus casitas pequeñitas y con balcón y cartilla, señor
palomar de la tristeza y en sueños poder volver.
Tus hijos van de rojo a la escuelita mejor
pañoletas de amor.
Perdieron el acento y la afición al fútbol, ahora juegan béisbol
con negritos cenicientos, a la hora de los recreos.
Algunos no entendieron ese estatus de extranjero
y se fueron a buscar algo mejor.
Cada uno por su banda fueron a parar a Holanda
o a países de una nórdica región
pues de momento allí no hay racionamiento
y hay autobuses vacíos, y el calor es más pasable que en el mío.
Me enamoré del charango y de mujeres chilenas.
Y me aprendí en las noches el misterio de las quenas.
Y supe de los suicidas y de las cartas que llegan.
Y adiviné la esperanza bajo la humedad eterna
de aquellos ojos canela.
Discuten en sus peñas las ideas con que sueñan
La política, la vida y el folklore
y a veces no hay concilio el parlamento en el exilio
tiene mesas separadas por partidos, casi nada.
Muchas veces no concuerdan
y mi mente nunca llega a comprender esos matices de la izquierda.
Pero todos se alegran al saber que en Isla Negra
los amantes graban protestas de amor.
Que se oyen como el rayo las cazuelas en Santiago
y que el sur será posible con valor
como un delirio, creer en el des-exilio
y el imperio de los nuevos chilenos.
sábado, 11 de julio de 2009
Se me ha ocurrido compartir esto con ustedes
domingo, 17 de mayo de 2009
En memoria de mi latinoamericano escritor favorito
...Cuando tenía menos de 15 escuché por primera vez unos cuentos de boca de mi hermano mayor. Los leía apasionadamente, y eso prendió una mecha de curiosidad literaria para con ese escritor que nunca se apagó, que me llevó a devorarme sus cuentos completos, sus inventarios poéticos y su Buzón de Tiempo, entre tantas líneas como la Borra del Café, Quién de Nosotros y La Tregua. Arrancándome lágrimas y rpofusas sonrisas de nostalgia y amor, me paseé sus líneas en voz baja, alta e imperceptible, en mil tonos y colores. Lo compartí con todos mis amores y sé que lo compartiré con mi hijo. Hablándole de ese viejo afable que alguna vez fue exiliado de su patria y de otros países de nuestro sur...
Y hoy, por ser el día de su siembra en esta tierra, donde venir e irse es lo más usual y corriente, rindo este ínfimo tributo dando como muestra el pequeñisimo botón de un poema y un cuento, luego si gustan, iré trayendo mucho más...
Viceversa
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
Pacto de sangre
No hablo. Los demás creen que no puedo hablar, incluso el médico lo cree. Pero yo puedo hablar. Hablo por la noche, monologo, naturalmente que en voz muy baja, para que no me oigan. Hablo nada más que para asegurarme de que puedo. Total, ¿para qué? Afortunadamente, puedo ir al baño por mí mismo, sin ayuda.
Esos siete pasos que me separan del lavabo o del inodoro, aún puedo darlos. Ducharme no. Eso no podría hacerlo sin ayuda, pero para mi higiene general viene una vez por semana (me gustaría que fuese más frecuente, pero al parecer sale muy caro) el enfermero y me baña en la cama. No lo hace mal. Lo dejo hacer, qué más remedio. Es más cómodo y además tiene una técnica excelente. Cuando al final me pasa una toalla húmeda y fría por los testículos, siento que eso me hace bien,
salvo en pleno invierno. Me hace bien, aunque, claro, ya nadie puede resucitar al muerto. A veces, cuando voy al baño, miro en el espejo mis vergüenzas y nunca mejor aplicado el término. Mis vergüenzas. Unas barbas de chivo, eso son. Pero confieso que la toalla fría del enfermero hace que me sienta mejor. Es lo más parecido al «baño vital» que me recomendó un naturista hace unos sesenta años. Era (él, no yo) un viejito, flaco y totalmente canoso, con una mirada pálida pero
sabihonda y una voz neutra y sin embargo afable. Me hizo sentar frente a él, me dio un vistazo que no duró más de un minuto, y de inmediato empezó a escribir a máquina, una vieja Remington que parecía un tranvía. Era mi ficha de nuevo paciente. A medida que escribía, iba diciendo el texto en voz alta, probablemente para comprobar si yo pretendía refutarlo. Era increible. Todo lo que iba diciendo era rigurosamente cierto. Dos veces sarampión, una vez rubeola y otra escarlatina,
difteria, tifus, de niño hizo mucha gimnasia, menos mal porque si no hoy tendría problemas respiratorios; varices prematuras, hernia inguinal reabsorbida, buena dentadura, etcétera. Hasta ese dia no me había dado cuenta de que era poseedor de tantas taras juntas. Pero gracias a aquel tipo y sus consejos, de a poco fui mejorando. Lo malo vino después, con años y más años. Años. No hay naturista ni matasanos que te los quite. Ahora que debo quedarme todo el tiempo quieto y callado (quieto, por obligación; callado, por vocación), mi diversión es recorrer mi vida, buscar y rebuscar algún detalle que creía olvidado y sin embargo estaba oculto en algún recoveco de la memoria. Con mis ojos casi siempre llorosos (no de llanto sino de vejez) veo y recorro las palmas de mis manos. Ya no conservan el recuerdo táctil de las mujeres que acaricié, pero en la mente sí las tengo, puedo recorrer sus cuerpos como quien pasa una película y detener la cámara a mi gusto para fijarme en un cuello (¿será el de Ana?) que siempre me conmovió, en unos pechos (¿serán los de Luisa?) que durante un año entero me hicieron creer en Dios, en una cintura (¿será la de Carmen?) que reclamaba mis brazos que entonces eran fuertes, en cierto pubis de musgo rubio al que yo llamaba mi vellocino de oro
(¿será el de Ema?) que aparecía tanto en mis ensueños (matorral de lujuria) como en mis pesadillas (suerte de Moloch que me tragaba para siempre). Es curioso, a menudo me acuerdo de partículas de cuerpo y no de los rostros o los nombres. Sin embargo, otras veces recuerdo un nombre y no tengo idea de a qué cuerpo
correspondía. ¿Dónde estarán esas mujeres? ¿Seguirán vivas? ¿Las llamarán abuelas, sólo abuelas, y no habrá nadie que las llame por sus nombres? La vejez nos sumerge en una suerte de anonimato. En España dicen, o decían, los diarios: murió un anciano de sesenta años. Los cretinos. ¿Qué categoría reservan entonces para
nosotros, octogenarios pecadores? ¿Escombros? ¿Ruinas? ¿Esperpentos? Cuando yo tenía sesenta era cualquier cosa menos un anciano. En la playa jugaba a la paleta con los amigos de mis hijos y les ganaba cómodamente. En la cama, si la interlocutora cumplía dignamente su parte en el diálogo corporal, yo cumplía cabalmente con la mía. En el trabajo no diré que era el primero pero sí que integraba el pelotón. Supe divertirme, eso sí, sin agraviar a Teresa. He ahí un nombre
que recuerdo junto a su cuerpo. Claro que es el de mi mujer. Estuvimos tantas veces juntos, en el dolor pero sobre todo en el placer. Ella, mientras pudo, supo cómo hacerlo. Puede ser que se imaginara que yo tenía mis cosas por ahí, pero jamás me hizo una escena de celos, esas porquerías que corroen la convivencia.
Como contrapartida, cuidé siempre de no agraviarla, de no avergonzarla, de no dejarla en ridículo (primera obligación de un buen marido), porque eso sí es algo que no se perdona. La quise bien, claro que con un amor distinto. Era de alguna manera mi complemento, y también el colchón de mis broncas. Suficiente. Le hice tres varones y una hembra. Suficiente. El ataque de asma que se la llevó fue el prólogo de mi infarto. Sesenta y ocho tenía, y yo setenta. O sea que hace catorce
años. No son tantos. Ahí empezó mi marea baja. Y sigue. ¿Con quién voy a hablar? Me consta que para mi hija y para mi yerno soy un peso muerto. No diré que no me quieren, pero tal vez sea de la manera como se puede querer a un mueble de anticuario o a un reloj de cuco o (en estos tiempos) a un horno de misar. No digo que eso sea injusto. Sólo quiero que me dejen pensar. Viene mi hija por la mañana temprano y no me dice qué tal papá sino qué tal abuelo, como si no proviniera de mi prehistórico espermatozoide. Viene mi yerno al mediodía y dice qué tal abuelo. En él no es una errata sino una muestra de afecto, que aprecio
como corresponde, ya que él procede de otro espermatozoide, italiano tal vez puesto que se llama Aldo Cagnoli. Qué bien, me acordé del nombre completo. A una y a otro les respondo siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada, lacrimosa como de costumbre, pero inteligente. Esto me lo estoy diciendo a mí mismo, de modo que no es vanidad no presunción ni coquetería senil, algo que hoy se lleva mucho. Digo inteligente, sencillamente porque es así. También tengo la
impresión de que ellos agradecen al Señor de que yo no pueda hablar (eso se creen). Imagino que se imaginan: cuánta cháchara de viejo nos estamos ahorrando. Y sin embargo, bien que se lo pierden. Porque sé que podría narrarles cosas interesantes, recuerdos que son historia. Qué saben ellos de las dos guerras mundiales, de los primeros Ford a bigote, de los olímpicos de Colombes, de la muerte de Batlle y Ordóñez, de la despedida a Rodó cuando se fue a Italia, de los festejos cuando el Centenario. Como esto lo converso sólo conmigo, no tengo por qué respetar el orden cronológico, menos mal. Qué saben, ¿eh? Sólo una noticia, o una nota al pie de página, o una mención en la perorata de un político. Nada más. Pero el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros, el sol o la lluvia sobre las multitudes, el techo de paraguas en la Plaza Cagancha cuando Uruguay le ganó tres a dos a Italia en las semifinales de Amsterdam y el relato del partido
no venía como ahora por satélite sino por telegramas (Carga uruguaya; Italia cede córner; los italianos presionan sobre la valla defendida por Mazali; Scarone tira desviado, etc.) Nada saben y se lo pierden. Cuando mi hija viene y me dice qué tal abuelo, yo debería decirle te acordás de cuando venías a llorar en mis rodillas
porque el hijo del vecino te había dicho che negrita y vos creías que era un insulto ya que te sabías blanca, y yo te explicaba que el hijo del vecino te decía eso porque tenías el pelo oscuro, pero que además, de haber sido negrita, eso no habría significado nada vergonzoso porque los negros, salvo en su piel, son iguales a nosotros y pueden ser tan buenos o tan malos como los blanquísimos. Y vos dejabas de llorar en mis rodillas (los pantalones quedaban mojados, pero yo te decía no te preocupes, m'hijita, las lágrimas no manchan) y salías de nuevo a jugar con los otros niños y al hijo del vecino lo sumías en un desconcierto vitalicio cuando le decías, con todo el desprecio de tus siete años: che blanquito. Podría recordarte eso, pero para qué. Tal vez dirías, ay abuelo, con qué pavadas me venías ahora. a lo mejor no lo decías, pero no quiero arriesgarme a ese bochorno. No son pavadas, Teresita (te llamas como tu madre, se ve que la imaginación no nos sobraba), yo te enseñé algunas cosas y tu madre también. Pero por qué cuando hablás de ella decías, entonces vivía mamá, y a mí en cambio me preguntás qué tal, abuelo. A
lo mejor, si me hubiera muerto antes que ella, hoy dirías, cuando vivía pap'. La cosa es que, para bien o para mal, papá vive, no habla pero piensa, no habla pero siente.
El único que con todo derecho me dice abuelo es, por supuesto, mi nieto., que se llama Octavio com oyo (al parecer, tampoco a mi hija y a mi yerno les sobraba imaginación). Ahí está la clave. Cuando le digo Octavio. Le digo. Porque con mi nieto es con el único ser humano con el que hablo, además de conmigo mismo, claro. Esto empezó hace un año, cuando Octavio tenía siete. Una vez yo estaba con los ojos cerrados y, creyéndome solo, dije en voz no muy alta pero audible, carajo, me duele el riñón. Pero no estaba solo. Sin que yo lo advirtiera había entrado mi nieto. Pero abuelo, estás hablando, dijo con un asombro alegre que me
conmovió. Le pregunté si había alguien en la casa y como dijo que no, que no había nadie, le propuse un convenio. Por un lado él mantenía el secreto de que yo podía hablar, y por otro, y ole contaría cuentos que nadie sabía. Está bien, dijo, pero tenemos que sellarlo con sangre. Salió y volvió casi enseguida con una hoja de afeitar, un frasco de alcohol y un paquete de algodón. Se las arregla muy bien y además conoce esos trámites desde que le dieron toda una serie de inyecciones con
una vacuna contra la alergia. Con toda tranquilidad me hizo un tajito minúsculo y él se hizo otro, ambos en las muñecas, suficientes como para que salieran unas gotas de sangre, luego juntamos nuestras heridas mínimas y nos abrazamos. Octavio humedeció el algodón con un poco de alcohol, lo apoyó en ambas señales secretas hasta que no salió más sangre y salió corriendo a dejar todo su instrumental en el botiquín. Desde entonces, y siempre que quedamos solos en casa, algo que ocurre con frecuencia, él viene a que, en cumplimiento del pacto, le cuente cuentos desconocidos, inéditos. Cuando salen mi hija y mi yerno, le dicen a ver si cuidás al abuelo, y él responde que sí, con un gestito de fastidio para disimular, pero enseguida me hace un guiño cómplice, y no bien se escucha el portazo que
garantiza nuestra intimidad, trae una silla, la coloca junto a mi mecedora o a mi cama y se queda a la espera de mis cuentos, que, como exigencia irrenunciable de nuestro pacto de sangre, deben ser totalmente nuevos. Y ahí viene mi problema, porque buena parte del día me la paso con los ojos cerrados, como si durmiera, pero en realidad pergeñando el próximo cuento y cuidando hasta los mínimos detalles, ya que si en un cuento anterior el zorro se había lastimado una pata en una
trampa y ahora anda corriendo en busca de gallinas, Octavio de inmediato me hace notar que aún no tuvo tiempo de curarse y entonces debo improvisar una fe de erratas oral y donde dije corre debe decir renquea. Y si el viejo brujo de la montaña se había quedado calvo por el esfuerzo de azotar diariamente a los gnomos del bosque y en un cuento posterior se peinaba mirándose en la laguna, Octavio enseguida observa, pero cómo, ¿no era calvo? Y ahí puedo salir un poco mejor del
atolladero, ya que el brujo, por el mero hecho de ser brujo, puede, mediante un ensalmo, recuperar el pelo. Y el nieto pregunta si se da el caso que él quede pelado, también podrá recuperar el pelo. Vos no, lo desengaño, porque no sos ni serás brujo. Y él dice que lástima y tiene un poco de razón, porque si yo hubiera sido brujo también me habría hecho crecer el pelo que perdí sin remedio antes de los cincuenta. No soy yo el único que narra, también él me cuenta lo que ocurre en el
colegio, en la calle, en la televisión, en el estadio. Es hincha de Danubio y se asombra de que yo sea de Wanderers. Trato de hacer proselitismo, pero evidentemente no hay nadie capaz de convertirlo en tránsfuga. Entonces le cuento viejos partidos o jugadas célebres, como cuando Piendibeni le hizo el célebre gol al divino
Zamora, o cuando el manco Castro usaba con alevosía su muñón en el área penal, o cuando el flaco García mantuvo invicta su valla (claro que los backs eran nada menos que Nazassi y Domingos da Guía) durante una rueda y media, o cuando Ghiggia hizo el gol de la victoria en Maracaná, o cuando o cuando o cuando, y él me escucha como a un oráculo y yo pienso qué suerte todavía puedo hablar para crear este asombro suyo y este placer mío. La verdad es que no recuerdo cómo eran
mis hijos cuando tenían la edad que hoy tiene Octavio. El mayor murió. ¿Cuánto hace que murió Simón? Fue después de lo de Teresa. Al fin y al cabo ¿qué importa la fecha? Murió y se acabó. No tuvo hijos, creo, ¿o los habré olvidado? Nunca estoy seguro de mis lagunas, que a veces son océanos. El segundo, Braulio, sí los tuvo, pero todos están en Denver, ¿qué habrá ido a hacer allí? La verdad es que no recuerdo. A veces manda fotos, tomadas con su encantadora Polaroid, o alguna postal, con un abrazo para el Viejo. Soy yo. Él no me dice abuelo, me dice Viejo. Me cago en la diferencia. Reconozco que una vez me mandó una radio a transistores. Todavía la tengo y a veces la oigo. Pero a menudo se queda sin pilas y tendría que pedirlas. Pero no pido nada. Nunca pido nada. Reconozco que soy un orgulloso de mierda, pero a esta altura no voy a reeducarme, ¿no es cierto? Total, el que me jodo soy yo, porque si la radio tuviera simples pilas, podría
escuchar alguno que otro partido, no muchos porque los locutores en general me cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis. También podría escuchar el Sodre cuando pasan música clásica, que es la única que digiero. La alegría que tuve aquella tarde en que pude escuchar el Septimino. Lo tenía en disco, hace
tiempo, vaya a saber dónde está. Quizá lo de las pilas podría solucionarse, sin mengua de mi podrido orgullo, diciéndoselo a mi nieto, para que éste, en cumplimiento de nuestro pacto de sangre y guardando siempre nuestro secreto, le dijera a mi hija, mirá la radio del abuelo, está sin pilas, y entonces lo mandaran a la ferretería de la esqueina para que me las trajera. Con eso alcanza. Yo las sé colocar, aunque a veces las pongo al revés y la radio no funciona. En alguna ocasión me ha llevado un buen cuarto de hora hallar la posición adecuada para las cuatro de 1,5 voltios, pero igual me sirve para entretenerme un poco. ¿Qué más puedo hacer? Leer, ya no puedo. Televisión, tampoco. Pero escuchar la radio o cambiarle las pilas, sí. Mi tercer hijo se llama Diego y está en Europa, enseña en Zurich,
me parece, sabe alemán y todo. Tiene dos hijas que también saben alemán, pero en cambio no saben español. Qué cagada, ¿verdad? Diego es menos escribidor que Braulio, y eso que su especialidad ss la literatura, pero, naturalmente, la literatura suiza. Para las navidades manda también su tarjeta, en la que las niñas ponen
sus saludos pero en alemán. Yo no sé alemán, apenas un poco de inglés para defenderme en correspondencia comercial, de la que yo mismo me encargaba cuando era gerente de La Mercantil del Sur, Importaciones y Exportaciones. Digamos, frasecitas como "I acknowledge receipt of your kind letter", o "Very truly yours", lo suficiente para que los de allá puedan contestar "Dear sirs", o "Gentlemen". También ese hijo menor a veces me manda algún regalito, verbigracia un llavero suizo de 18 quilates. En esa ocasión sonreí, como diciendo qué lindo, pero en realidad pensando qué boludo, para qué quiero yo un llavero de oro 18, si estoy aquí semipostrado.
De modo que mis contactos con el mundo se reducen a mi hija, cuando entra y me dice qué tal abuelo, a mi yerno cuando ídem, de vez en cuando al médico, al enfermero cuando viene a lavar mis pelotas ya jubiladas, y también el resto de este cuerpo del delito. Bueno, y sobre todo, está mi nieto, que creo es lo único que me mantiene vivo. Es decir, me mantenía. Porque ayer por la mañana vino y me besó y me dijo abuelo, me voy por quince días a Denver con el tío Braulio, ya que saqué buenas notas y me gané estas vacaciones. Yo no podía hablas (y no sé si hubiera podido, porque tenía un nudo en la garganta) ya que también estaban en la habitación mi hija y mi yerno y ni yo ni mi nieto íbamos a violar nuestro pacto de sangre. Así que le devolví el beso, le apreté la mano, puse un instante mi muñeca junto a la suya como testimonio de lo que ambos sabíamos, y sé que él entendió perfectamente cuánto lo iba a extrañar ya que no iba a tener a quien contarle cuentos inéditos. Y se fueron. Pero tres o cuatro horas más tarde volvió a entrar Aldo, y me dijo mire, abuelo, que Octavio no se fue por quince días sino por un año y tal vez más, queremos que se eduque en los Estados Unidos, así aprende desde niño el idioma y tendrá una formación que va a servirle de mucho. Él no se lo dijo porque tampoco lo sabía. No queríamos que empezara a llorar, porque él lo quiere mucho, abuelo, siempre me lo dice, y yo sé que usted también lo quiere, ¿no es así? Se lo vamos a decir por carta, aunque mi cuñado lo va a ir preparando. Ah, y otra cosa. Cuando ya se había despedido de nosotros, volvió atrás y me dijo, dale un beso al abuelo y que sepa que estoy cumpliendo nuestro pacto. Y salió corriendo. ¿Qué pacto es ese, abuelo? Cerré los ojos por pudor, aunque como siempre lagrimeo, nadie sabe nunca cuándo son lágrimas de veras, e hica un gesto con la mano como diciendo: cosas de niños. Él se quedó tranquilo y me abandonó, me dejó a solas con mi abandono, porque ahora sí que no tengo a nadie, y tampoco a nadie con quien hablar. Me tomó de sorpresa todo esto. Pero quizá sea lo mejor. Porque ahora sí tengo ganas de morir. Como corresponde a un despojo de ochenta y cuatro años. A mi edad no es bueno tener ganas de vivir,
porque la muerte viene de todos modos y a uno lo toma de sorpresa. A mí no.
Ahora tengo ganas de irme, llevándome todo ese mundo que tengo en mi cabeza y los diez o doce cuentos que ya tenía preparados para Octavio, mi nieto. No voy a suicidarme (¿con qué?), pero no hay nada más seguro que querer morir. Eso siempre lo supe. Uno muere cuando realmente quiere morir. Será mañana o pasado. No mucho más. Nadie lo sabrá. Ni el médico (¿acaso se dio cuenta alguna vez de que yo podía hablar?) ni el enfermero ni Teresita ni Aldo. Sólo se darán cuenta cuando falten cinco minutos. A lo mejor Teresita dice entonces papá, pero ya será tarde. Y yo en cambio no diré chau, apenas adiosito con la última mirada. No diré ni chau, para que alguna vez se entere Octavio, mi nieto, de que ni siquiera en ese instante peliagudo violé nuestro pacto de sangre. Y me iré con mis cuentos a otra parte. O a ninguna.

