domingo, 17 de mayo de 2009

En memoria de mi latinoamericano escritor favorito



...Cuando tenía menos de 15 escuché por primera vez unos cuentos de boca de mi hermano mayor. Los leía apasionadamente, y eso prendió una mecha de curiosidad literaria para con ese escritor que nunca se apagó, que me llevó a devorarme sus cuentos completos, sus inventarios poéticos y su Buzón de Tiempo, entre tantas líneas como la Borra del Café, Quién de Nosotros y La Tregua. Arrancándome lágrimas y rpofusas sonrisas de nostalgia y amor, me paseé sus líneas en voz baja, alta e imperceptible, en mil tonos y colores. Lo compartí con todos mis amores y sé que lo compartiré con mi hijo. Hablándole de ese viejo afable que alguna vez fue exiliado de su patria y de otros países de nuestro sur...
Y hoy, por ser el día de su siembra en esta tierra, donde venir e irse es lo más usual y corriente, rindo este ínfimo tributo dando como muestra el pequeñisimo botón de un poema y un cuento, luego si gustan, iré trayendo mucho más...

Viceversa

Tengo miedo de verte

necesidad de verte

esperanza de verte

desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte

preocupación de hallarte

certidumbre de hallarte

pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte

alegría de oírte

buena suerte de oírte

y temores de oírte.

o sea,

resumiendo

estoy jodido

y radiante

quizá más lo primero

que lo segundo

y también viceversa


Pacto de sangre


A esta altura ya nadie me nombra por mi nombre: Octavio. Todos me llaman abuelo. Incluida mi propia hija. Cuando uno tiene, como yo, ochenta y cuatro años, qué más puede pedir. No pido nada. Fui y sigo siendo orgulloso. Sin embargo, hace ya algunos años que me he acostumbrado a estar en la mecedora o en la cama.

No hablo. Los demás creen que no puedo hablar, incluso el médico lo cree. Pero yo puedo hablar. Hablo por la noche, monologo, naturalmente que en voz muy baja, para que no me oigan. Hablo nada más que para asegurarme de que puedo. Total, ¿para qué? Afortunadamente, puedo ir al baño por mí mismo, sin ayuda.

Esos siete pasos que me separan del lavabo o del inodoro, aún puedo darlos. Ducharme no. Eso no podría hacerlo sin ayuda, pero para mi higiene general viene una vez por semana (me gustaría que fuese más frecuente, pero al parecer sale muy caro) el enfermero y me baña en la cama. No lo hace mal. Lo dejo hacer, qué más remedio. Es más cómodo y además tiene una técnica excelente. Cuando al final me pasa una toalla húmeda y fría por los testículos, siento que eso me hace bien,
salvo en pleno invierno. Me hace bien, aunque, claro, ya nadie puede resucitar al muerto. A veces, cuando voy al baño, miro en el espejo mis vergüenzas y nunca mejor aplicado el término. Mis vergüenzas. Unas barbas de chivo, eso son. Pero confieso que la toalla fría del enfermero hace que me sienta mejor. Es lo más parecido al «baño vital» que me recomendó un naturista hace unos sesenta años. Era (él, no yo) un viejito, flaco y totalmente canoso, con una mirada pálida pero
sabihonda y una voz neutra y sin embargo afable. Me hizo sentar frente a él, me dio un vistazo que no duró más de un minuto, y de inmediato empezó a escribir a máquina, una vieja Remington que parecía un tranvía. Era mi ficha de nuevo paciente. A medida que escribía, iba diciendo el texto en voz alta, probablemente para comprobar si yo pretendía refutarlo. Era increible. Todo lo que iba diciendo era rigurosamente cierto. Dos veces sarampión, una vez rubeola y otra escarlatina,
difteria, tifus, de niño hizo mucha gimnasia, menos mal porque si no hoy tendría problemas respiratorios; varices prematuras, hernia inguinal reabsorbida, buena dentadura, etcétera. Hasta ese dia no me había dado cuenta de que era poseedor de tantas taras juntas. Pero gracias a aquel tipo y sus consejos, de a poco fui mejorando. Lo malo vino después, con años y más años. Años. No hay naturista ni matasanos que te los quite. Ahora que debo quedarme todo el tiempo quieto y callado (quieto, por obligación; callado, por vocación), mi diversión es recorrer mi vida, buscar y rebuscar algún detalle que creía olvidado y sin embargo estaba oculto en algún recoveco de la memoria. Con mis ojos casi siempre llorosos (no de llanto sino de vejez) veo y recorro las palmas de mis manos. Ya no conservan el recuerdo táctil de las mujeres que acaricié, pero en la mente sí las tengo, puedo recorrer sus cuerpos como quien pasa una película y detener la cámara a mi gusto para fijarme en un cuello (¿será el de Ana?) que siempre me conmovió, en unos pechos (¿serán los de Luisa?) que durante un año entero me hicieron creer en Dios, en una cintura (¿será la de Carmen?) que reclamaba mis brazos que entonces eran fuertes, en cierto pubis de musgo rubio al que yo llamaba mi vellocino de oro
(¿será el de Ema?) que aparecía tanto en mis ensueños (matorral de lujuria) como en mis pesadillas (suerte de Moloch que me tragaba para siempre). Es curioso, a menudo me acuerdo de partículas de cuerpo y no de los rostros o los nombres. Sin embargo, otras veces recuerdo un nombre y no tengo idea de a qué cuerpo
correspondía. ¿Dónde estarán esas mujeres? ¿Seguirán vivas? ¿Las llamarán abuelas, sólo abuelas, y no habrá nadie que las llame por sus nombres? La vejez nos sumerge en una suerte de anonimato. En España dicen, o decían, los diarios: murió un anciano de sesenta años. Los cretinos. ¿Qué categoría reservan entonces para
nosotros, octogenarios pecadores? ¿Escombros? ¿Ruinas? ¿Esperpentos? Cuando yo tenía sesenta era cualquier cosa menos un anciano. En la playa jugaba a la paleta con los amigos de mis hijos y les ganaba cómodamente. En la cama, si la interlocutora cumplía dignamente su parte en el diálogo corporal, yo cumplía cabalmente con la mía. En el trabajo no diré que era el primero pero sí que integraba el pelotón. Supe divertirme, eso sí, sin agraviar a Teresa. He ahí un nombre
que recuerdo junto a su cuerpo. Claro que es el de mi mujer. Estuvimos tantas veces juntos, en el dolor pero sobre todo en el placer. Ella, mientras pudo, supo cómo hacerlo. Puede ser que se imaginara que yo tenía mis cosas por ahí, pero jamás me hizo una escena de celos, esas porquerías que corroen la convivencia.

Como contrapartida, cuidé siempre de no agraviarla, de no avergonzarla, de no dejarla en ridículo (primera obligación de un buen marido), porque eso sí es algo que no se perdona. La quise bien, claro que con un amor distinto. Era de alguna manera mi complemento, y también el colchón de mis broncas. Suficiente. Le hice tres varones y una hembra. Suficiente. El ataque de asma que se la llevó fue el prólogo de mi infarto. Sesenta y ocho tenía, y yo setenta. O sea que hace catorce
años. No son tantos. Ahí empezó mi marea baja. Y sigue. ¿Con quién voy a hablar? Me consta que para mi hija y para mi yerno soy un peso muerto. No diré que no me quieren, pero tal vez sea de la manera como se puede querer a un mueble de anticuario o a un reloj de cuco o (en estos tiempos) a un horno de misar. No digo que eso sea injusto. Sólo quiero que me dejen pensar. Viene mi hija por la mañana temprano y no me dice qué tal papá sino qué tal abuelo, como si no proviniera de mi prehistórico espermatozoide. Viene mi yerno al mediodía y dice qué tal abuelo. En él no es una errata sino una muestra de afecto, que aprecio
como corresponde, ya que él procede de otro espermatozoide, italiano tal vez puesto que se llama Aldo Cagnoli. Qué bien, me acordé del nombre completo. A una y a otro les respondo siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada, lacrimosa como de costumbre, pero inteligente. Esto me lo estoy diciendo a mí mismo, de modo que no es vanidad no presunción ni coquetería senil, algo que hoy se lleva mucho. Digo inteligente, sencillamente porque es así. También tengo la
impresión de que ellos agradecen al Señor de que yo no pueda hablar (eso se creen). Imagino que se imaginan: cuánta cháchara de viejo nos estamos ahorrando. Y sin embargo, bien que se lo pierden. Porque sé que podría narrarles cosas interesantes, recuerdos que son historia. Qué saben ellos de las dos guerras mundiales, de los primeros Ford a bigote, de los olímpicos de Colombes, de la muerte de Batlle y Ordóñez, de la despedida a Rodó cuando se fue a Italia, de los festejos cuando el Centenario. Como esto lo converso sólo conmigo, no tengo por qué respetar el orden cronológico, menos mal. Qué saben, ¿eh? Sólo una noticia, o una nota al pie de página, o una mención en la perorata de un político. Nada más. Pero el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros, el sol o la lluvia sobre las multitudes, el techo de paraguas en la Plaza Cagancha cuando Uruguay le ganó tres a dos a Italia en las semifinales de Amsterdam y el relato del partido
no venía como ahora por satélite sino por telegramas (Carga uruguaya; Italia cede córner; los italianos presionan sobre la valla defendida por Mazali; Scarone tira desviado, etc.) Nada saben y se lo pierden. Cuando mi hija viene y me dice qué tal abuelo, yo debería decirle te acordás de cuando venías a llorar en mis rodillas
porque el hijo del vecino te había dicho che negrita y vos creías que era un insulto ya que te sabías blanca, y yo te explicaba que el hijo del vecino te decía eso porque tenías el pelo oscuro, pero que además, de haber sido negrita, eso no habría significado nada vergonzoso porque los negros, salvo en su piel, son iguales a nosotros y pueden ser tan buenos o tan malos como los blanquísimos. Y vos dejabas de llorar en mis rodillas (los pantalones quedaban mojados, pero yo te decía no te preocupes, m'hijita, las lágrimas no manchan) y salías de nuevo a jugar con los otros niños y al hijo del vecino lo sumías en un desconcierto vitalicio cuando le decías, con todo el desprecio de tus siete años: che blanquito. Podría recordarte eso, pero para qué. Tal vez dirías, ay abuelo, con qué pavadas me venías ahora. a lo mejor no lo decías, pero no quiero arriesgarme a ese bochorno. No son pavadas, Teresita (te llamas como tu madre, se ve que la imaginación no nos sobraba), yo te enseñé algunas cosas y tu madre también. Pero por qué cuando hablás de ella decías, entonces vivía mamá, y a mí en cambio me preguntás qué tal, abuelo. A
lo mejor, si me hubiera muerto antes que ella, hoy dirías, cuando vivía pap'. La cosa es que, para bien o para mal, papá vive, no habla pero piensa, no habla pero siente.

El único que con todo derecho me dice abuelo es, por supuesto, mi nieto., que se llama Octavio com oyo (al parecer, tampoco a mi hija y a mi yerno les sobraba imaginación). Ahí está la clave. Cuando le digo Octavio. Le digo. Porque con mi nieto es con el único ser humano con el que hablo, además de conmigo mismo, claro. Esto empezó hace un año, cuando Octavio tenía siete. Una vez yo estaba con los ojos cerrados y, creyéndome solo, dije en voz no muy alta pero audible, carajo, me duele el riñón. Pero no estaba solo. Sin que yo lo advirtiera había entrado mi nieto. Pero abuelo, estás hablando, dijo con un asombro alegre que me
conmovió. Le pregunté si había alguien en la casa y como dijo que no, que no había nadie, le propuse un convenio. Por un lado él mantenía el secreto de que yo podía hablar, y por otro, y ole contaría cuentos que nadie sabía. Está bien, dijo, pero tenemos que sellarlo con sangre. Salió y volvió casi enseguida con una hoja de afeitar, un frasco de alcohol y un paquete de algodón. Se las arregla muy bien y además conoce esos trámites desde que le dieron toda una serie de inyecciones con
una vacuna contra la alergia. Con toda tranquilidad me hizo un tajito minúsculo y él se hizo otro, ambos en las muñecas, suficientes como para que salieran unas gotas de sangre, luego juntamos nuestras heridas mínimas y nos abrazamos. Octavio humedeció el algodón con un poco de alcohol, lo apoyó en ambas señales secretas hasta que no salió más sangre y salió corriendo a dejar todo su instrumental en el botiquín. Desde entonces, y siempre que quedamos solos en casa, algo que ocurre con frecuencia, él viene a que, en cumplimiento del pacto, le cuente cuentos desconocidos, inéditos. Cuando salen mi hija y mi yerno, le dicen a ver si cuidás al abuelo, y él responde que sí, con un gestito de fastidio para disimular, pero enseguida me hace un guiño cómplice, y no bien se escucha el portazo que
garantiza nuestra intimidad, trae una silla, la coloca junto a mi mecedora o a mi cama y se queda a la espera de mis cuentos, que, como exigencia irrenunciable de nuestro pacto de sangre, deben ser totalmente nuevos. Y ahí viene mi problema, porque buena parte del día me la paso con los ojos cerrados, como si durmiera, pero en realidad pergeñando el próximo cuento y cuidando hasta los mínimos detalles, ya que si en un cuento anterior el zorro se había lastimado una pata en una
trampa y ahora anda corriendo en busca de gallinas, Octavio de inmediato me hace notar que aún no tuvo tiempo de curarse y entonces debo improvisar una fe de erratas oral y donde dije corre debe decir renquea. Y si el viejo brujo de la montaña se había quedado calvo por el esfuerzo de azotar diariamente a los gnomos del bosque y en un cuento posterior se peinaba mirándose en la laguna, Octavio enseguida observa, pero cómo, ¿no era calvo? Y ahí puedo salir un poco mejor del
atolladero, ya que el brujo, por el mero hecho de ser brujo, puede, mediante un ensalmo, recuperar el pelo. Y el nieto pregunta si se da el caso que él quede pelado, también podrá recuperar el pelo. Vos no, lo desengaño, porque no sos ni serás brujo. Y él dice que lástima y tiene un poco de razón, porque si yo hubiera sido brujo también me habría hecho crecer el pelo que perdí sin remedio antes de los cincuenta. No soy yo el único que narra, también él me cuenta lo que ocurre en el
colegio, en la calle, en la televisión, en el estadio. Es hincha de Danubio y se asombra de que yo sea de Wanderers. Trato de hacer proselitismo, pero evidentemente no hay nadie capaz de convertirlo en tránsfuga. Entonces le cuento viejos partidos o jugadas célebres, como cuando Piendibeni le hizo el célebre gol al divino
Zamora, o cuando el manco Castro usaba con alevosía su muñón en el área penal, o cuando el flaco García mantuvo invicta su valla (claro que los backs eran nada menos que Nazassi y Domingos da Guía) durante una rueda y media, o cuando Ghiggia hizo el gol de la victoria en Maracaná, o cuando o cuando o cuando, y él me escucha como a un oráculo y yo pienso qué suerte todavía puedo hablar para crear este asombro suyo y este placer mío. La verdad es que no recuerdo cómo eran
mis hijos cuando tenían la edad que hoy tiene Octavio. El mayor murió. ¿Cuánto hace que murió Simón? Fue después de lo de Teresa. Al fin y al cabo ¿qué importa la fecha? Murió y se acabó. No tuvo hijos, creo, ¿o los habré olvidado? Nunca estoy seguro de mis lagunas, que a veces son océanos. El segundo, Braulio, sí los tuvo, pero todos están en Denver, ¿qué habrá ido a hacer allí? La verdad es que no recuerdo. A veces manda fotos, tomadas con su encantadora Polaroid, o alguna postal, con un abrazo para el Viejo. Soy yo. Él no me dice abuelo, me dice Viejo. Me cago en la diferencia. Reconozco que una vez me mandó una radio a transistores. Todavía la tengo y a veces la oigo. Pero a menudo se queda sin pilas y tendría que pedirlas. Pero no pido nada. Nunca pido nada. Reconozco que soy un orgulloso de mierda, pero a esta altura no voy a reeducarme, ¿no es cierto? Total, el que me jodo soy yo, porque si la radio tuviera simples pilas, podría
escuchar alguno que otro partido, no muchos porque los locutores en general me cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis. También podría escuchar el Sodre cuando pasan música clásica, que es la única que digiero. La alegría que tuve aquella tarde en que pude escuchar el Septimino. Lo tenía en disco, hace
tiempo, vaya a saber dónde está. Quizá lo de las pilas podría solucionarse, sin mengua de mi podrido orgullo, diciéndoselo a mi nieto, para que éste, en cumplimiento de nuestro pacto de sangre y guardando siempre nuestro secreto, le dijera a mi hija, mirá la radio del abuelo, está sin pilas, y entonces lo mandaran a la ferretería de la esqueina para que me las trajera. Con eso alcanza. Yo las sé colocar, aunque a veces las pongo al revés y la radio no funciona. En alguna ocasión me ha llevado un buen cuarto de hora hallar la posición adecuada para las cuatro de 1,5 voltios, pero igual me sirve para entretenerme un poco. ¿Qué más puedo hacer? Leer, ya no puedo. Televisión, tampoco. Pero escuchar la radio o cambiarle las pilas, sí. Mi tercer hijo se llama Diego y está en Europa, enseña en Zurich,
me parece, sabe alemán y todo. Tiene dos hijas que también saben alemán, pero en cambio no saben español. Qué cagada, ¿verdad? Diego es menos escribidor que Braulio, y eso que su especialidad ss la literatura, pero, naturalmente, la literatura suiza. Para las navidades manda también su tarjeta, en la que las niñas ponen
sus saludos pero en alemán. Yo no sé alemán, apenas un poco de inglés para defenderme en correspondencia comercial, de la que yo mismo me encargaba cuando era gerente de La Mercantil del Sur, Importaciones y Exportaciones. Digamos, frasecitas como "I acknowledge receipt of your kind letter", o "Very truly yours", lo suficiente para que los de allá puedan contestar "Dear sirs", o "Gentlemen". También ese hijo menor a veces me manda algún regalito, verbigracia un llavero suizo de 18 quilates. En esa ocasión sonreí, como diciendo qué lindo, pero en realidad pensando qué boludo, para qué quiero yo un llavero de oro 18, si estoy aquí semipostrado.

De modo que mis contactos con el mundo se reducen a mi hija, cuando entra y me dice qué tal abuelo, a mi yerno cuando ídem, de vez en cuando al médico, al enfermero cuando viene a lavar mis pelotas ya jubiladas, y también el resto de este cuerpo del delito. Bueno, y sobre todo, está mi nieto, que creo es lo único que me mantiene vivo. Es decir, me mantenía. Porque ayer por la mañana vino y me besó y me dijo abuelo, me voy por quince días a Denver con el tío Braulio, ya que saqué buenas notas y me gané estas vacaciones. Yo no podía hablas (y no sé si hubiera podido, porque tenía un nudo en la garganta) ya que también estaban en la habitación mi hija y mi yerno y ni yo ni mi nieto íbamos a violar nuestro pacto de sangre. Así que le devolví el beso, le apreté la mano, puse un instante mi muñeca junto a la suya como testimonio de lo que ambos sabíamos, y sé que él entendió perfectamente cuánto lo iba a extrañar ya que no iba a tener a quien contarle cuentos inéditos. Y se fueron. Pero tres o cuatro horas más tarde volvió a entrar Aldo, y me dijo mire, abuelo, que Octavio no se fue por quince días sino por un año y tal vez más, queremos que se eduque en los Estados Unidos, así aprende desde niño el idioma y tendrá una formación que va a servirle de mucho. Él no se lo dijo porque tampoco lo sabía. No queríamos que empezara a llorar, porque él lo quiere mucho, abuelo, siempre me lo dice, y yo sé que usted también lo quiere, ¿no es así? Se lo vamos a decir por carta, aunque mi cuñado lo va a ir preparando. Ah, y otra cosa. Cuando ya se había despedido de nosotros, volvió atrás y me dijo, dale un beso al abuelo y que sepa que estoy cumpliendo nuestro pacto. Y salió corriendo. ¿Qué pacto es ese, abuelo? Cerré los ojos por pudor, aunque como siempre lagrimeo, nadie sabe nunca cuándo son lágrimas de veras, e hica un gesto con la mano como diciendo: cosas de niños. Él se quedó tranquilo y me abandonó, me dejó a solas con mi abandono, porque ahora sí que no tengo a nadie, y tampoco a nadie con quien hablar. Me tomó de sorpresa todo esto. Pero quizá sea lo mejor. Porque ahora sí tengo ganas de morir. Como corresponde a un despojo de ochenta y cuatro años. A mi edad no es bueno tener ganas de vivir,
porque la muerte viene de todos modos y a uno lo toma de sorpresa. A mí no.

Ahora tengo ganas de irme, llevándome todo ese mundo que tengo en mi cabeza y los diez o doce cuentos que ya tenía preparados para Octavio, mi nieto. No voy a suicidarme (¿con qué?), pero no hay nada más seguro que querer morir. Eso siempre lo supe. Uno muere cuando realmente quiere morir. Será mañana o pasado. No mucho más. Nadie lo sabrá. Ni el médico (¿acaso se dio cuenta alguna vez de que yo podía hablar?) ni el enfermero ni Teresita ni Aldo. Sólo se darán cuenta cuando falten cinco minutos. A lo mejor Teresita dice entonces papá, pero ya será tarde. Y yo en cambio no diré chau, apenas adiosito con la última mirada. No diré ni chau, para que alguna vez se entere Octavio, mi nieto, de que ni siquiera en ese instante peliagudo violé nuestro pacto de sangre. Y me iré con mis cuentos a otra parte. O a ninguna.




jueves, 14 de mayo de 2009

hoy hay para todos

"Lo que te pasa es que a ti se te olvida lo más importante, que siempre que tú me has necesitado yo he estado adelante, y no me vengas con el cuento chino de que no te entiendo, una cosita es que ya no me quieras, y otra este tormento (...) y voy, callejeando voy, dispuesto a ser feliz..."
De Callejeando, canción del grupo español: El Arrebato

No me pidas la sonrisa que siempre te ilumina, ni la suavidad de mi piel cuando abrasa tu alma al abrazar tu cuerpo, no me pidas el golpe de suerte de mis furtivos besos, cuando me decepcionas en lo cotidiano, en lo futil, en lo más irrisorio y minúsculo de lo que aspiro que me des a cambio de mi amor sin reservas. No me pidas esta noche que haya algo de mí en dirección de tus anhelos. Ni te esfuerces. Será inútil...

Ustedes, bienamados visitantes casuales o perennes, café en mano (hecho por él), pendiente aún de bañar y alimentar al crío con pijama y cuento nocturno a la mano, con más de 20 horas sin dormir y con la inicial de una esperanza de cambio en los labios y en el espíritu, les envío el mejor de mis abrazos y las ganas de comerme el mundo con ustedes adentro para saborearles mejor pues por sus blog ni tiempo de pasar me da.

martes, 28 de abril de 2009

Hace mucho que no escribo...

...y las últimas veces que he colgado algo en este espacio que antes solía ser un rincón al cual retocaba y atendía con frecuencia, lo he hecho por no dejarlo caer en el total y mero abandono agregando cualquier cosa que es de mi interés y quiero compartir con la gente (para mí muy valiosa) que suele pasar por este lar electrónico.
Quiero decirle a los que por primera vez transitan este espacio que no soy más que una sustraida del rebaño masivo de gente que camina en zapatos (muy de vez en cuando, pero sustraida al fin): una muerta ambulante que resucita cada vez que abraza de veras a su gente o que alcanza un teclado o un lápiz; y a los que otras veces (y con frecuencia relativa) vienen a ver si me digné a actualizar, pues nada, recordarles que les amo y les soy solidaria aunque jamás sepa del olor y textura de sus pieles y ropas, que extraño muchisimo las largas noches y mañanas de leer sus entradas y discutir las mías por chat, correo o teléfono, sí, muchisimo les extraño, pues de verdad el cuerpo no me da para hacerlo (volver con a ser tan asidua) entre tanto y tanto que la economía, el sistema, y la cotidianidad me exigen hacer, entre el lugar en el que (poco a poco) el monstruo social me ha ido ubicando y mi lucha por no quedarme simplemente ahí: enajenada y simple, los ojos, ni las manos, ni el alma, ni la espalda me alcanzan para teclear, concentrarme y saludar, hablar de los hermosos ojos de todos los niños, ancianos, indigentes y brujas que a diario miro, ni para contarles que mi pequeño querubín que del útero me sacaron hace dos años cada vez me enamora más con su risa de pícaro, o que ando ayudando a algunos estudiantes rezagados a terminar el bachillerato aprobando biología.... en fin ni para hablar de mi loco-cuerdo valiente y bocón amado presidente me ha dado chance de escribirles. Sin embargo, hoy, dolor de espalda a cuestas, ojos en arena, marido ausente, bebé y madre dormidos, conciencia de que mañana hay que madrugar, etc., etc., etc... Aún así dije: Mayela esa eres tú: ponte a escribir.

jueves, 5 de marzo de 2009

Y quisiera poder gritar que ya soy libre

"Yo no pienso que mi corazón resista un día más,
yo no soy lo que tú quieras que sea este amor (...) cuando cuente tres otra vez........"
Juanes (Tres)


Quisiera que en mis rutinas, llegar temprano a un sitio sea la regla y no mi eterna excepción; quisiera dejar de cantar en un lapso aunque sea de 24 horas;
quisiera que se me quitaran las ganas de fumar, (Hace tres años que dejé de hacerlo) sería justo;
quisiera algún día no levantarme tan hambrienta y por dios no necesitar café;
quisiera y tantas cosas más quisiera de mí misma y también como diría Juan Luis y quisiera:
no extrañar a mi "pareja" como si fuese un novio de 15 que a los 15 me botó y jamás volverá;
no vivir en vilo como toda abnegada madre porque mi niño haga un puchero;
creer en un padre y sus santos como tanta gente que se aferra y se esperanza;
dejar de horrorizarme y sorprenderme con todo gesto deshonesto del mundo;
ponerme de los nervios porque mi madre esté a disgusto con algo;
no preocuparme cada santa noche por la suerte de mi padre y sus tragos;
comer tres veces al día y sin extravagancia de abundancia o escasez;
dejar de amar hasta llagarme el alma y;
que no me guste tanto la cerveza y el vino.

viernes, 13 de febrero de 2009

Lo que opino yo

Entre tantos ires y venires de mi patria que desde hace casi 10 años se ha convertido en el país donde más se vota, se participa, se manifiesta y se pelea, por una causa u otra, me he decidido, (luego de mucha resistencia ante el teclado del ordenador) a regalarle a los ojos de quienes quieran observar, pero esencialmente a los amigos, familia, compatriotas y hermanazos del mundo que me leen, mi perspetiva o visión por así decirle, del actual proceso electoral y del proceso de gobierno que desde hace ya diez años está en mi país.

Aunque la oposición (parte del pueblo de a pie más las élites de siempre) refieren ante el mundo y ante sí mismos un país que se hunde en manos del Presidente venezolano al cual tildan de delincuente de loco y peligroso (aunque donde él a intervenido no ha habido el primer desaparecido, torturado, muerto y ni siquiera silenciado); aunque aquí desde que se montó Chávez en la silla presidencial no ha habido ningún diario, canal o emisora clausurado, tomando en cuenta que RCTV (canal de tv privado) lo que logró son su actividad conspiradora deliberada fue que el gobierno le negara (al vencerse ésta) la concesión del espacio radioeléctrico nacional pero igual sigue funcionando como canal de tv por cable (pues jamás se le cerró); aunque no hay practicamente analfabetismo, ni niños sin escuela, ni colegios populares sin comedor; aunque aquí hay casi un libertinaje pues (y eso sí lo critico abiertamente del gobierno, mas como algo que incluso mantuvo de los anteriores gobiernos, principales exponentes de tal vicio) nadie va preso por razones que en los códigos venezolanos ameritan cárcel; aunque es normal que la clase baja coma queso y hasta jamón, la satanización no da tregua, y la derecha jamás perdona y desde afuera, conspirando micrófono en mano, o desde adentro diciéndose revolucionaria y bolivariana desangra la patria a ver si el águila continua "halando del cuello al obrero, pues le duele esa madera de justicia y cariño".

Quiero, antes de hacer esta mínima compilación que sigue abajo, que conste y quede claro que ni trabajo para el gobierno ni de manera directa, ni en forma de monedas o poder me ha dado nada, ni a mí ni a los míos cercanos, nada nos dió más que la certeza de que tenemos derechos por los cuales pelear, nada más que volteranos un país que llevaba 40 años sumergido en la apatía de una democracia representativa, para pasar a ser voz y voto activo ante cada decisión sobre nuestras cabezas y su progreso continuo. De hecho, si a alguien le debe la oposición su derecho a pelear, su libertad patra gritar y proferir insultos y sobre todo la potestad de opinar si sí o si no se la deben solo a Hugo Rafael Chávez Frías Teniente Coronel, el que desde que se sentó en su despacho en 1999 le dijo a sus adversarios y seguidores que su primer derecho a usar es el de OPINAR:

Esta noticia seguro no aparecerá en la prensa comercial venezolana o internacional, sin embargo, el aumento en el Índice de Desarrollo humano en Venezuela, avalado por el PNUD es sin duda una de las grandes razones para Votar por un rotundo SÍ en el referendo por la Enmienda constitucional.

Algunos Logros de la Revolución Bolivariana Fuente: http://www.venezueladeverdad.gob.ve

1. SALUD Y SEGURIDAD SOCIAL En el segundo semestre del año 1990, el porcentaje de personas en situación de pobreza (2.124.208 personas) salieron de la extrema que se ubicaba en 24,0%. En el año 2002, se produjo un aumento considerable hasta alcanzar 29,8% y en el 2003 como consecuencia del golpe de Estado y sabotaje petrolero. La Meta del Milenio se alcanzó en el II. Sem. de 2006, al ubicarse la pobreza extrema en 11,1%. En el segundo semestre del 2007, se ubicó en 9,5% el porcentaje de personas en situación de pobreza extrema, lo que representa una disminución de 20,3 puntos porcentuales Fuente: Procesamiento de la Encuesta de Hogares por Muestreo. Instituto Nacional de Estadística respecto al año 2003. Por otra parte. Es importante destacar que en el año 2007 Venezuela alcanzó esta Meta del Milenio en Pobreza.

2. SALUD Y SEGURIDAD SOCIAL Consultas: El incremento de las consultas de la Misión Barrio Adentro I, ha sido constante desde su creación y puesta en marcha. Para el año 2003, hubo 9,1millones de consultas, para el mes de diciembre del año 2008, las 150.000.000 consultas acumuladas han llegado a 328 millones. Fuente: Ministerio del Poder Popular para la Salud. Vidas Salvadas. El indicador de vidas salvadas por la Misión Barrio Adentro I ha aumentado año a año, 100.000 dando cuenta de la importancia del primer 90.000 nivel de atención médica, sobre todo en las 69.673 zonas populares del país. Desde el año 2003, al 06 de diciembre de 2008 se han salvado 121.114 vidas. 06-Dic-08 Fuente: Ministerio del Poder Popular para la Salud

3. CALIDAD DE VIDA En el año 1998 el Índice Nacional de Desarrollo Humano se ubicó en 0,7793 mejorando sustancialmente para el año 2007 cuando alcanza el nivel de 0,8263. Rango alto > 0,85. De esa forma, Venezuela pasa de un desarrollo humano medio a un desarrollo humano alto, como resultado de la implementación de políticas de inclusión social. A pesar del Golpe de Estado y el desempeño eficiente de la economía, y del Sabotaje Petrolero, en estos últimos 9 años se han mejorado significativamente las variables que componen este índice. Fuente: Instituto Nacional de Estadística. el Índice de Desarrollo Humano (Salud, % Educación e Ingreso). Las políticas nacionales en materia de empleo productivo, acceso seguro y constante a las fuentes de trabajo y la diversificación de la economía nacional, han permitido que la tasa de desempleo a nivel nacional, alcanzara 6,1% para el mes de noviembre de 2008. Fuente: Instituto Nacional de Estadística

4. EDUCACIÓN Graduados Están en proceso de inclusión educativa Misión Robinson II 1,1 millones de personas, que aprenden a leer y a escribir; culminarán el sexto grado, Misión Robinson I Misión Ribas 450.503 el bachillerato o la universidad, además de la formación de oficios. Misión Robinson I 52.337 Misión Robinson II 427.559 Misión Ché Guevara 86.777 Misión Sucre 30.993 Misión Cultura 32.824 Fuente: Fund. Samuel Robinson, Fund. Misión Ribas, MPP para la Economía Comunal, MPP para la Cultura. En el período 1988 – 89, la tasa de Matrícula Media y Diversificada y Profesional alcanzaba sólo el 21,6% 35,9% y 18%, aumentando sólo 3,6 puntos 310.511 jóvenes incorporados a la Educación Media, Diversificada y porcentuales hasta el período 1998 – 99, incrementando la tasa en 14,3 puntos porcentuales. Se ha incrementado notablemente esta tasa de escolaridad entre 1998 – 99 y 2006 – 07, al ubicarse en 35,9% lo que representa 310.511 jóvenes incorporados. En el período comprendido entre 1990 y 1998, la matrícula de educación superior aumentó sólo en 139.252 personas. Fuente: MPP para la Educación. El número de alumnos y alumnas que han podido darle continuidad a sus estudios superiores, se ha incrementado en 1.467.037, ya que para el año 1998, la matricula llegaba a estimándose para el año 2007, 500.000 hombres y mujeres cursando estudios universitarios. Fuente: MPP para la Educación Superior

5. ECONOMÍA. Para finales del año 2008 la deuda total como porcentaje del PIB, se estima que cerró casi por el orden del 13% del PIB, en comparación al techo más alto alcanzado en 1989 significa una caída de más del 70 puntos porcentuales. Precio Justo del Petróleo La actual crisis financiera provocada por las malas políticas económicas aplicadas por los principales países capitalistas, ha venido arrastrando a la baja los precios del petróleo en los últimos meses del año, no obstante esto, gracias al fortalecimiento que le ha dado el gobierno nacional a la OPEP, se ha logrado dar el justo valor a los precios del crudo. En este sentido, y a pesar de la coyuntura actual, el precio promedio anual del petróleo venezolano, registra sus máximo record histórico de los últimos cinco años. Infraestructura de la Revolución en imágenes… Fuente: http://www.venezueladeverdad.gob.ve

Recodar y revisar sobre estas obras:

· Central Hidroeléctrica Caruachi

· Tercer Puente sobre el río Orinoco

· Adquisición de Aviones Sukhoi 30-Mk

· Ferrocarril Caracas-Cua

· Cardiológico Infantil Latinoamericano

· Carreteras Agrícolas

· Estadio Olímpico la Carolina Edo. Barinas

· Construcción del Ferrocarril Simon Bolivar

· Metro de Valencia

· Estadio Olímpico de Cachamay Edo. Bolívar

· Lanzamiento del Satélite Simon Bolívar

· Salón de conferencias y exposiciones Barquisimeto

· Estadio olímpico Pueblo Nuevo Edo. Táchira

· Construcción de viviendas en todo el País

· Autopista José Antonio Páez Cojedes- Barinas-Portuguesa-Lara

· Trolebús de Barquisimeto

· Remodelación de aeropuertos en todo el país

· Ferrocarril Tramo la Encrucijada-Puerto Cabello-San Felipe-Barquisimeto-Acarigua

· Sustitución de rancho por vivienda.

· Centro oftalmológico gratuito con alta tecnología

· Trolebús de Mérida

· Viaducto nro. 1 Autopista Caracas-la Guaira





lunes, 9 de febrero de 2009

“SOLO EL AMOR ENGENDRA LA MARAVILLA”

Estas líneas se las dedico a mi gente

Se las dedico a mi madre

Se las dedico a mi amado

Se las dedico a lo esencial, que siempre siempre es invisible a los ojos

Estas líneas son para los rostros anochecidos de hambre

Para los pies enceguecidos de camino

Para las manos ansiosas de estrecharse

Para las gargantas que siembran trinos libertarios

No sé como hacer para dirigir mi corazón en pro solo de lo justo sin que se me derrita de amor;

De amor por lo que sueño

De amor por lo que espero

De amor por lo que veo

De amor por lo que soy

De amor por lo que es y por lo que jamás podrá dejar de ser:

Que el pueblo se levante y le de nombre a su augusta frente

Que la vida sea razón y no pretexto

Que el trabajo sea ardor del corazón en llamas

Que nuestro canto sea santo y seña del amor a la lucha

Soy un ser;

Risa entre el coro de risas

Rostro de única tristeza entre los hombres tristes

Amo a la vida porque solo eso tengo y prefiero amar

Somos levedad

Somos todo lo grave

Somos “pan, somos paz, somos más”

Adelante pues, la vida nos espera!

Como dice el vallenato: si te inspira ser zapatero solo quiero que seas el mejor

Amemos cual corazón sin heridas

Cual torrente que de vida se nos desborda en el pecho

Como el niño ama su incipiente historia

Como el anciano la ilusión de sus recuerdos

Respetemos la utopía de lo real

Esa realidad que nos dice: QUE VALE LA PENA VIVIR

QUE ES TREMENDO ESTAR VIVO

Qué esperamos?

Amemos hasta que nos duela, como Silvio: somos ciudadanos del amor;

AMEMOS HASTA EL DOLOR Y MÁS ALLA. POR SIEMPRE.

María Mayela García G.


jueves, 5 de febrero de 2009

Otra vez elecciones (15F) reelegimos mandatarios o no¿?¿?¿? Por qué NO???

Por oposición. Es muy natural.
Oponerse, estar en contra, contradecir, enfrentarse, ser antagónico, etc., todo eso se dice, frente a algo que se afirme, con un simple no. Pero, si de razón se trata, hay sus modos.

El niño inmaduro, especialmente en la infancia temprana, cuando dice no es “no porque no”. Niega hasta tres veces: “no, no y no”. Acompaña su expresión con gestos poco sociales, poco políticos: rabietas, pataletas, gritos, llanto, etc. Algunos aprenden allí el uso exacto de las groserías.
Es el “no porque no” en su forma más básica de la sinrazón.
Dicen algunos psicólogos que eso no está mal, esa experiencia es la forma primigenia de cierta afirmación de la diferencia.
Es entonces un “no porque no” que se tolera
porque será encauzado por la razón; será la razón la que le enseñará correctamente la diferencia y la
identidad.
Hay un “no porque no” que es propio de la adolescencia, de la rebeldía sin causa o, mejor dicho, del rebelde sin razón. Es una actitud abiertamente antisocial, abiertamente apolítica.
La expresión se
acompaña de gestos infantiles. Suele aparecer allí la violencia contra el otro. Es la pretensión de identidad figurada en la diferencia completamente errada. Es la identificación con la sinrazón que no se sabe tal. Se expresa este “no porque no” en la sencilla expresión “no es no”. Quiere decir: “no, dije que no”; “no, porque no quiero”, “no, porque no me da la gana”, “no, porque deseo lo que deseo y lo que deseo es que no deseo lo que me proponen y sólo sé que deseo eso mismo que deseo”.

Es la sinrazón opuesta a las razones que sólo atisba a cuasirazonar así: “vaya Usted viejo muy largo al carrizo con sus razones”.

En el adulto hay un “no porque no” que apela a la retórica empobrecida. Se refugia superficialmente en el principio de identidad de la negación.

Otra vez: “No es no”. Claro, es verdad, X es X. Así se expresa toda tautología. Pero la tautología no agrega nada, todos lo saben por experiencia o porque han estudiado lógica. La retórica empobrecida va más allá del pleonasmo.
Es la acentuación del habla que se esfuerza en que el interlocutor escuche lo que se quiere decir, sabiendo qué se quiere decir y cómo decirlo, pero no se dice. Tiene dos variantes. Una: todo cuanto motoriza la negación se oculta, se disimula en el gesto, se esconde tras falacias dichas en baja voz.

Es puro miedo. Ese miedo muchas veces se disfraza de soberbia: “¿Para qué explicar si el muy bruto no entiende?”, “Ya lo dije: no es no y punto” y otras expresiones semejantes. La otra variante, la irracional, es de otro tenor.

Rebrota en ella el arrojo del rebelde sin razón que grita o chilla su deseo de sólo desear. Se acompaña con los gestos infantiles del pataleo y la rabieta.


Se apropia de las groserías del infante y de la violencia del adolescente. El ocultamiento no es tanto del
miedo, del temor, como del odio. Es el “no porque no” de la más abyecta tristeza que se refugia en el escándalo y la bulla. Es escándalo y bulla vociferando sinrazones en asfixiante logorrea.
Es el “no es no”
del adulto tan inmaduro como apegado a la ignorancia, como akolásico regodeándose en su vicio.
Es la
pérdida del poder de la razón cedido al desencadenamiento fatal de la acumulación de tristeza que constituye el odio.
Si la primera variante, la del miedo, es dañina, esta segunda variante, la del odio, es perversa: lleva a la alegría por el mal que otro sufre y a la tristeza por la felicidad del prójimo.
Con las justas razones un gran sabio del siglo XVII demostró rigurosamente esta proposición: odium nunquam potest esse bonum (el odio nunca puede ser bueno).
Imposible entenderlo si se toma el camino
del odio.

Por eso duele cuando vemos a quienes alguna vez razonaron, o simularon hacerlo, pretender que seamos copartícipes de su odio para vivir bajo la tiranía de la tristeza. Buena razón es negar la negación.


Jorge Dávila
Profesor Universidad de los Andes (Venezuela)

10 Mandamientos para salvar la tierra

1. Acabar con el sistema capitalista

2. Renunciar a las guerras

3. Un mundo sin imperialismo ni colonialismo

4. Derecho al agua

5. Desarrollo de energías limpias

6. Respeto a la madre tierra

7. Servicios básicos como derechos humanos

8. Combatir las desigualdades

9. Promover la diversidad de culturas y economías

10. Vivir bien, no vivir mejor a costa del otro